e diel, 17 qershor 2007

Animadversión anti-psicológica

Animadversión anti-psicológica Declarar la condición profesional de psicopatólogo o psico-analista suele generar un tipo de reacciones o frases reactivas bastante estándares. Suelen abundar preguntas del tipo “¿me vas a analizar?” o afirmaciones del tipo: “procuraré ir con cuidado con lo que diga para que no adivines mi personalidad”. También hay quien tiene un juicio tomado, es decir un pre-juicio claro y echa inmediatamente los cocodrilos en la fosa que hay entre esa persona y el profesional de la salud mental: “no me gustan los psicoanalistas/psicólogos”. Ciertamente es una profesión controvertida que no tiene el beneplácito de todo el mundo. Genera una cierta cantidad de aprehensión a priori ya que se le atribuye un dominio de conocimiento íntimo especialmente relevante. Probablemente cualquier consultor del tarot o visionario-profético tiene menos animadversión que un psicólogo. Habría que compararlo y estudiar las clientelas de lo uno y de lo otro. Cada una tiene su perfil o lo que es lo mismo: cada perfil psicológico propende a una elección u otra para hacer consultas.
De una parte, hay una demanda creciente en el autoconocimiento personal para neutralizar los avatares que impiden la felicidad existencial; de otra, hay un abigarrado campo de ofertas y de psicoterapias que pueden confundir al lego o al buscador a ciegas, en particular si está subido al caballito de la noria esperando soluciones mágicas. Pero la animadversión como punto acerca del que reflexionar no viene de la época de ese boom de líneas terapéuticas sino desde mucho antes, desde los tiempos en los que la psiquiatría estaba al servicio de la ciencia médica de una manera incondicional para neutralizar, más que curar, la locura y poner, supuestamente, a salvo a la sociedad de sus locos. Antiguamente el concepto de locura tenía una dimensión minoritaria, hoy sus proporciones son bestiales, si bajo su epígrafe incluimos toda clase de comportamientos anómalos en el mundo de las relaciones. Bajo el amparo del concepto de excentricidad hay formas que antes pasaban por claramente extrañas y socialmente reprochables, bajo el de melancolía hay unos auténticos cuadros depresivos, bajo el de profetismo hay actitudes totalmente delirantes. No poca gente se cree o quiere creerse estar tocada por los dioses o elegida por los ángeles haciéndose portadora de mensajes divinos para poner una nota de color en su vida y de auto prestigio ante círculos que van de esa onda prefiriendo el registro de la presunción que el de la comprobación de las cosas. El psico-analista enfrenta un tiempo en que una parte de la sociedad está más interesada en convivir con sus mentiras, que no dejan de tener un cierto valor estimulativo, que con las verdades que le desmonten sus chiringuitos mentales.
Los mismas personas con esas reacciones adversas que se dan ante el especialista de la mente o de los comportamientos con origines psíquicos, no suelen hacerlas ante los especialistas del cuerpo. Y es que el cuerpo es relativamente entregado a la mirada y a la especulación, también intra-organísmica, pero revelar la mente es como hacer una entrega del yo. Quien no se siente seguro al ser inferido o descubierto es tanto com o sentirse violado o con todas sus motivaciones y verdades al descubierto. Las respuestas estandarizadas antes transcritas tienen mas a ver con personas acostumbradas a ocultar que con perfiles tímidos que se ruborizan por ser vistos tal como son. El profesional de la psicología puede tener más problemas por lo que conjeturan que es que por lo que realmente haga. No hay nada más agotador que convertir a cualquiera que te es presentado en objeto de análisis. Cuando me preguntan si voy a analizar a quien me es presentado o acabo de conocer no puedo tomarlo como otra cosa que lo que es: un insulto a la vez que un absoluto desconocimiento del significado de la función psicológica de un analista. Un especialista, en el campo que sea, no puede estar viviendo continuamente con sus parámetros de conocimiento en el sentido de aplicarlos a cada situación y persona. Deja libremente la evolución de las circunstancias y por tanto las elecciones y consentimientos que hacen las personas aunque los resultados pensables puedan ser desastrosas. La libertad incluye dejar que la elección del desastre se consume. Por otra parte analizar o trabajar en un analisis significa eso: un trabajo y un esfuerzo. Hacerlo gratis o por deformación profesional no ayuda demasiado ni al titular ni a su relación contraída con cada persona nueva que conoce. Lo mismo que el lingüista correctísimo no puede estar a cada momento corrigendo las faltas de ortografía con quien se cartea o habla o el economista no puede insistir en qué deben hacer con sus fondos sus amigos si quieren mantener la continuidad fluida de sus relaciones, el psicólogo tampoco puede estar revelando la relación causal-efectual de los actos de sus amigos. En todo caso la categoría de amistad se hará visible o no según superen esas distancias preventivas y apriorísticas ante quienes tenemos una formación en estructuras psíquicas de las que hay más lecturas fantaseadas desde la mirada externa que conocimientos fundados.

e premte, 15 qershor 2007

La gestión de la Misantropía

La misantropía hay que distinguirla de la fobia social. La conducta misantrópica estuvo genialmente escenificada y caracterizada por Moliére. Más que de una enfermedad se trata de una elección consciente y deliberada de aislamiento social. Es la consecuencia de una exposición larga y reiterada a estímulos adversos de los demás. El misántropo opta por retirarse del mundo dado que el trato recibido no le ha complacido y descarta que pueda haber otro trato mejor. Esa retirada no comporta un aislamiento físico sino una suspensión de las relaciones humanas. Grandes filósofos han optado por esta resolución para quedar a salvo de las variables adversas del exterior o para minimizar su impacto. A diferencia de la fobia social que no puede tolerar psíquicamente el contacto con situaciones de grupo, el sujeto misántropo llega a una conclusión peyorativa ante el género humano en su conjunto descartando que pueda dar más de si de lo que ha dado.
La misantropía es un reconocimiento del fracaso humano en sus predicados de amor, solidaridad y comunicación.
Se convierte en un síntoma patológico cuando el perfil del misántropo se transforma en un odio profundo y sistemático al otro sea quien sea y donde sea sin entrar a discriminar cada personalidad y situación concreta. Pero se mantiene dentro de la razonabilidad y del campo de gestión si es auto explicada convenientemente en quien la adopta como conducta. La misantropía como proceso es una consecuencia relativamente lógica cuando es proporcionada a la cantidad de experiencias dolorosas que se han tenido, debidas a contactos humanos amargos. Es un síntoma de pronóstico severo y de cura impredecible cuando el sujeto misántropo va socavando su abismo con el resto de la especie. El perfil misantrópico puede iniciarse con experiencias dolorosas concretas con un tipo de personas y de grupos humanos y ser extendido incondicionalmente a toda representación humana y estrato colectivo. Ese segundo salto incorpora la obsesión y la fobia
La misantropía en un grado mínimo aparece pronto y de una manera generalizada cuando las personas van adoptando criterios estables de desconfianza hacia el resto de la humanidad en general. El ser humano como proyecto en una humanidad racional y consciente es un fracaso rotundo a pesar de muchos de sus comportamientos loables. Esa tesis de la derrota mantenida dentro de un cierto control no es grave si se consiguen maneras adaptativas que permitan soportar los protocolos sociales. Pero se convierte en algo grave cuando da soporte a una indisposición emocional hacía el otro, no solo a la colección de otros concretos, en una, generalmente, extensa lista de nombres precisos, sino también hacía el otro por conocer, de una cantera cuantiosa de nueva gente en un número indeterminado al que no se desea conocer. Ese segundo extremo reduce al misántropo a su espacio personal de control sin desear salir del mismo. Eso no tiene porque repercutir contra otros ámbitos de su salud personal si recicla sus recursos y poderes con proyecciones creativas no dejándose amilanar por el aislamiento. La proyección creativa puede remitir a una pulsión narcisista que busca un reconocimiento aun desde la situación más abyecta y retirada, pero de eso hablaremos en otra parte[1].
La gravedad del misántropo es que los nuevos contactos humanos le confirman lo que ya sabe de la humanidad avalado por los anteriores contactos tenidos. Para el misántropo el contacto con el otro no puede dar lugar a novedades experimentales que le hagan cambiar de idea. No hay alternativa reparadora para corregir ese sesgo, porque la misantropía tiene más de actitud existencial y filosófica que de síntoma psíquico. Es el punto de confluencia entre una valoración existencial y el modo de concluir como seguirla viviendo. La alternativa al misántropo sería una humanidad en la que poder confiar. Esto coloca en las condiciones objetivas la resolución de unas condiciones subjetivas lo cual hace inviable la propuesta. Al igual que el resto del sintomatograma al individuo aquejado hay que proponerle soluciones concretas para remontar sus crisis y coordenadas estancas. Y el sujeto sintomático ante sí mismo le toca gestionar los ímputs que le van entrando a su sistema perceptivo y relacional, tratando de contrarrestar la cantidad de experiencias de desagrado con otras que sean reforzantes de una disposición al agrado. Siempre se ha oído hablar -o se ha referido- la figura del huraño, de la persona refractaria, de la desengañada, de la amargada, de la que ya no cree en nada ni quiere saber nada con nadie. Hurgando en sus biografías encontramos una cierta cantidad de fracasos de interrelación social. La misantropía concreta es a escala de individuo lo que una mayoría cree a escala de disposición sentimental y conceptual. La diferencia está en que el misántropo es victima de su sinceridad o de su honestidad con su propia conciencia. Eso se desmarca del curso normal de los acontecimientos en que predomina la figura adaptativa capaz de sacrificar parte de la conciencia personal para seguir en el palco de las relaciones humanas. La misantropía admite la gestión que puede dar a su situación una rentabilidad si la persona afectada reconduce sus relaciones y sus energías a aquello y a aquellas personas con las cuales puede mantener una sintonía y un interés. La propuesta del criterio universal de estar abierto a todo y a todos, falla estrepitosamente en estos casos. Pero vivir la propia individualidad desde el máximo de autentificación podrá permitir que un itinerario biográfico vaya desarrollándose con la máxima de satisfacciones por una vida interior rica aun fuera de un máximo de interacciones por una vida exterior casi nula.
[1] El narcisismo en la Proyeccion Artística.

La creación de sentido en la práctica psicoterapéutica

Es la tesis central de Viktor Frankl, el creador de la logoteoría.
En las condiciones más adversas donde todo apunta al sin sentido y al vacío existencial el superviviente de sus avatares se enfrenta a la tesitura de sucumbir definitivamente siguiendo la falta de lógica de todo, que así lo tiene interiorizado, o inventarse una nueva vida para su futuro por distinta, imprevista y original que pueda ser. La creación de sentido es la recreación del yo en función del deseo de su instancia de realidad íntima al margen y en contra, si es preciso, del imperio de la realidad externa, vulgar y estandarizada. El sentido no es único ni universal (no hay una razón existencial común para todos los existentes) sino expreso y particular. Lo que da sentido a unos es superfluo para otros, lo que le sirve a alguien es deplorable para otro. Por eso el sentido no admite plagio. Tampoco admite impugnación. Los gustos y placeres que pueden dar sentido a una vida no tienen porque estar a la altura de los deseos o pretensiones de otra. En definitiva el sentido es la elección particular que una persona hace para dotar de contenido a su existencia sin que eso tenga porque entenderlo o aceptarlo la otra persona que la observa o estar de acuerdo con la moral pública. Es así que la creación de sentido queda puesta en la atalaya de la mirada individual y de las necesidades de sujeto sin que haya razones objetivas que fallen a favor de una elección o de otra. Para Frankl esa creación se expresaba en contenidos socialmente necesarios y útiles para la historia y para los demás, pero psíquicamente puede suceder que un sujeto encuentro la lógica de su destino personal en tesituras banales y acciones aberrantes o contrarias a las necesidades de su especie de pertenencia o de su planeta de morada. Por ello la creación de sentido debe ir asociada, práctica y terapéuticamente, a la ética indispensable en el comportamiento para hacer algo que complazca al registro del uno y concuerde al mismo tiempo con los deseos históricos o potenciales del todos. Así, la búsqueda del sentido no se convierte en un itinerario ególatra para la satisfacción del narcisismo personal sino en un autodescubrimiento de lo que se quiere y desea para avanzar en la autorrealización y por esta vía en el cambio del decorado social del que se participa. Es en este punto en que la psicoterapia analítica se transforma en socioterapia práctica.

Dogma y Síntoma


La nuestra es una cultura que se ha levantado sobre dogmas. De niños aprendimos que hay una cierta cantidad de cosas en las que se cree como artículos de fe sin que se admitiera discusión alguna. Eso nos marcó profundamente. Y adopta una postura crítica automáticamente se infiere (el inconsciente también lo recoge así) como una apología del no y de la negatividad. De adultos sabemos que las democracias sociales no han dejado de engendrar tabúes y posiciones de poder que son presentadas como intocables. La dogmatización era, y aun es, un hecho. Hay una conexión entre el pensamiento que utiliza formas dogmáticas en su discurrir y la gestación del síntoma que antagoniza a la persona que lo tiene como registro con la felicidad. El sujeto formado, o instruido, en un discurso dogmatizado en el que escasea la argumentación lógica por mucho que abunde la anécdota y el relato descriptivo, es proclive a adoptar un comportamiento fanático con el que alimentar acciones airadas sin contenidos sólidos. El dogma se mantiene en el substrato del síntoma. Pasarlo todo por la dicotomía de blanco-negro incapacita a la persona para pensar en términos dialécticos y sintéticos conduciéndolo a sabotajes posibilistas contra terceras vías y contra la reconciliación de opuestos. El síntoma con estragos orgánicos es el bloqueo de una solución entre una idea preconcebida que choca contra las necesidades objetivas de la vida. El síntoma en el escenario corporal lo mismo que en el escenario relacional con otras personas surge de un desajuste del yo rígido con la demanda de desarrollo de un espacio. El cuerpo se rebela contra su usuario que lo ha mantenido en la rigidez o dentro de hábitos antinaturales y el entorno convivencial o ambiental desautoriza una relación construido sobre un principismo intolerante. En definitiva el retrato del dogmático tiene más posibilidades subjetivas de padecer enfermedades que el del perfil psicológico flexible dispuesto a comprender otras realidades distintas a las suyas.

¿Qué tipo de técnica de relajación es la mejor?

Ésta es una pregunta frecuente en el orden de apostar fuerte pero por algo completamente seguro. Es difícil singularizar la seguridad. La vida es riesgo y las pautas para el cambio personal y para el equilibrio mental pasan por balancear distintos recursos. Lo que sí se puede establecer es que sea la que sea la técnica recursiva empleada para la relajación; desde el momento en que una persona se coloca en posición atencional sobre su propio cuerpo ya está activando unos mecanismos de relajación. Benson, describió la respuesta de relajación en yoga, en la meditación y en la oración como una fuente de curación basada en una reactancia hipotalámica integrada, que conducía a una disminución generalizada del sistema nervioso simpático. Este continuum yoga-meditación-oración podemos extenderlo a practicar el taichi, al paseo, a la flotación en el agua, y a la escucha latente de los elementos del entorno sin un deseo veleidoso de participar en ellos. La relajación clásica pide tomar consciencia primero de la periferia del cuerpo: desde los dedos de los pies hasta la punta de los cabellos y los dientes, sin olvidar los órganos internos que se van encontrando en el recorrido visual de las partes. Esa consciencia posibilita la distensión de los nudos intuidos y presuntos en cada zona sin ninguna intervención manual o manipulativa. Una vez el cuerpo queda colocado en un estado de vigilia soporífera con los ojos cerrados y con las defensas egoicas y mentales rebajadas es cuando está en condiciones para una pseudo-hipnosis desde la que dar respuestas a preguntas no complejas. También es la situación en l qué decidir avanzar hacia una hipnosis total o hacia una regresión en el tiempo biográfico de la persona relajada.

El amor como terapia.

.
Las situaciones de rabia, ira, indiferencia, y aislamiento emocional se correlacionan con estados patológicos con más o menos impacto en el cuerpo y en la mente. Por el contrario los estados emocionales positivos son reforzantes del sistema autoinmune. Barber sostuvo que los sentimientos reinstalados pueden estimular las células y producir un cambio fisiológico. Situaciones cuasi milagrosas de superación de estados afectados con derivación a pérdida de inmunidad fisiológica se deben a una falta de atención emocional. El amor queda concretado como una dedicación afectivo-atencional al sujeto amado. Va desde el grado mínimo del respeto y la amabilidad al grado máximo de la pasión y la entrega. En medio hay toda una gama de conductas de mimo que el receptor las traduce reforzando su rol de sujeto querido y por extensión, su lugar apreciado en el mundo. El valor de la caricia y del mimo es tal que ha queda protocolizado como parte del tratamiento fisiológico de estados de debilidad. El caso más conocido es el de los niños prematuros en unidades de maternidad también el de bebés abandonados en inclusas o, antiguamente, en comunidades religiosas. El caso menos conocido es el de las reclusas en campos de concentración nazis que se auto organizaron en unidades familiares para sobrevivir a su cautiverio. En esas unidades, personas absolutamente desconocidas entre sí en un primer momento y sin ninguna relación consanguínea, se repartieron roles: el de la madre, el de la hermana mayor, el de las otras hermanas etc, a los cuales se ajustaron y se comportaron consecuentemente de tal modo que pudieron atravesar su calamidad manteniendo el equilibrio psíquico en el mejor estado posible. El amor como terapia se da espontáneamente cuando una situación amorosa lo permite y la parte más activa (el que más ama) puede entender la dejación o la no suficiente correspondencia en la parte más pasiva (la que se deja amar). En la atención clínica, cuando la vocacionalidad profesional da el tono suficiente hay una expresión de amor por técnica y distal que sea. El amor es operativo en su sinceridad y transparencia. También por su entrega intensa si no totalmente incondicional sí unilateral sin exigir el contrapago equivalente. Otro asunto es la manipulación que pueda hacer la parte amada de la amante utilizando el amor como una tiranía, pero eso pertenece a otro capítulo.

Indicadores de Conciencia

La consciencia es el conocimiento profundo de las correlaciones de causas y efectos que se van escenificando tanto en el mundo exterior como en la realidad personal del yo. Se ha abusado mucho de la división entre quiénes tienen y quiénes no tienen conciencia presuponiendo que una cierta intelectualidad y vanguardia sociales eran poseedoras de ella y que otros sectores consumidores de discursos rígidos quedaban al margen. La conciencia no queda limitada a la que se tiene sobre la realidad política. Conciencia es sobre todo autoconocimiento de la personalidad subjetiva y heteroconocimiento de los roles que juegan los demás en el entorno inmediato o lejano. La consciencia pasa por la exploración analítica de lo que se es y de lo que se desea ser, de lo que se puede actuar y de lo que está impedido de expresión. Para averiguar la detentación de consciencia es necesario trascender la primera impresión de lo que alguien pueda decir para pasar a evaluar lo más importante: lo que puede hacer y contrastarlo con lo que de hecho hace.
Si en las manifestaciones por un planeta mejor hay manifestantes que van con chaquetas de pieles o en las conversaciones sobre el reequilibrio ecológico todavía participa quien no es capaz de hacer clasificación doméstica de basuras y se mata fumando eso lo podemos tomar como indicadores de verdades personales; también en el discurso por la conciencia de todos como garantía para una felicidad colectiva y compartida nos toca contrastar la habilidad para la crítica que se hace con la actuación consecuente en el hogar y en los espacios propios. Los indicadores de conciencia personal pasan fundamentalmente por:
1. Elección de relaciones personales que permitan la dignidad recíproca.
2. Elección de factores de equipamiento y nutricionales respetuosos con el medio ambiente.
3. Compromisos profesionales y laborales que no atenten a los códigos deontológicos y éticos. 4. Organización del tiempo existencial desde la lógica de los propósitos y la lógica de las posibilidades.
5. Adecuamiento del principio de correspondencia e interacción.6. No formar parte de la obstrucción y reproducción de problemas sino estar del lado de sus soluciones

Calor y trato infantil

Calor y trato infantil
Spitz realizó trabajos sobre estimulación. Corroboró que la falta de estimulación en niños hospitalizados en edad muy temprana tenía efectos nefastos en el posterior desarrollo de la inteligencia y la personalidad. Estudios de comparación de niños con condiciones de higiene equivalentes, pero unos con cuidado afectivo y otros sin tenerlo, presentando peores resultados los de falta de calor afectivo. Modernamente en los centros de recogida de niños abandonados, las cuidadoras están instruidas para dar calor afectivo a las criaturas. Winnicott por su parte ha abogado por sustituir el concepto de madre presencial por el de cuidados maternales, dado que hay casuística que informa de que no siempre es la madre la que presenta una mejor disponibilidad cuidadora de la criatura naciente. Tradicionalmente sabemos que las madres de determinadas clases sociales daban a criar (amamantar) a sus hijos para no distorsionar su figura y para quitarse tiempo de sus actividades en la crianza. El calor y el trato mimoso son fundamentales. Tanto el uno como el gesto corporal del otro transmiten mensajes. Luego en la época adulta volverán a ser ambas conductas las que ratificarán un estado de amor cuando la pasión o el sexo se hayan extinguido o desaparecido por completo. Las palabras de amor son insuficientes si no van acompañadas del contacto epidérmico y con este de la ternura del abrigo corporal. Por encima de la figura concreta que los prodigue y de la conectividad cosanguínea que haya el contacto con los niños es indispensable. A menudo se ocupan las abuelas y abuelos de los críos dejando una relación más estrecha para el futuro entre ellos y sus nietos, cualitativamente distinta a la de los padres, que durante sus infancias estuvieron ausentes por razones laborales. Desde el punto de vista infantil su tendencia a la saciación del hambre y a cubrir sus necesidades primarias de calor y protección le llevan a adoptar a quien, a su vez, lo adopta tenga o no parentesco natural.